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LAS CALORÍAS
El cuerpo transforma la energía, no la crea ni la destruye. Los animales y los seres humanos no somos capaces de hacer fotosíntesis; tomamos la energía a través de los alimentos. En las moléculas de los nutrientes (hidratos de carbono. proteínas y lípidos) se guarda la energía que utilizamos para vivir.
La unidad de medida de esta energía es la caloría, que equivale a la cantidad de energía necesaria para aumentar en un grado centígrado la energía del agua. Las calorías miden la energía de los alimentos.
Este nivel de energía es necesario para poder completar el desarrollo y reponer la que se ha perdido, ya que diariamente miles de células mueren y necesitan ser renovadas. La energía sirve para pensar, actuar, moverse, vivir. Otro factor determinante es el metabolismo; hay personas que tienen un metabolismo rápido, y otras no tanto, razón por la cual para algunas es más fácil adelgazar. Las personas con metabolismo lento tienden a ganar peso con facilidad y les cuesta perderlo. En estos casos, con mayor razón será necesario revisar los hábitos alimentarios y generar cambios positivos.
Todos los alimentos tienen calorías, por eso es importante saber que un alimento nos hará engordar o no, dependiendo de muchas cosas, pero básicamente del balance de calorías del día: si se consumen más calorías de las que se gastan, habrá tendencia al sobrepeso; si se aportan menos calorías de las que el organismo necesita, se adelgazará.
Cada uno de los macronutrientes proporciona calorías al cuerpo. Los hidratos de carbono aportan cuatro calorías por gramo, al igual que las proteínas; y los lípidos proveen nueve calorías por gramo. Las vitaminas y minerales son micronutrientes y no aportan calorías, pero son necesarios para el metabolismo normal de los macronutrientes.
Para mantenernos bien nutridos, se necesita una dieta variada; por este motivo, el primer paso es conocer los nutrientes y sus fuentes alimentarias, lo que permitirá una correcta elección, sabiendo cuáles son de mejor calidad y su aporte de calorías.
La calidad de nuestro cuerpo depende de la calidad de alimentos que escojamos. Mientras menos procesados sean los alimentos y más cercanos a la naturaleza, nuestra nutrición será más óptima y saludable.
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11/10/17
16/3/17
Cuando las calorias se esconden [16-3-17]
Cuando las calorias se esconden
La obesidad, una de las epidemias del siglo XXI, tiene raíces escurridizas. El azúcar, uno de los ingredientes que más engordan y menos nutren, no siempre se halla en los chocolates, galletas, postres, tartas, helados, refrescos o golosinas, como es de esperar. Es el huésped de infinidad de productos no dulces, y pasa inadvertido para el paladar aunque no para el metabolismo.
La epidemia de obesidad y sobrepeso está alcanzando cotas hasta ahora nunca vistas, especialmente en los niños, doblándose en apenas una década, y esta “enfermedad del progreso” sigue avanzado imparable en el mundo desarrollado.
Hasta tal punto llega el problema, que las autoridades sanitarias estadounidenses han recomendado etiquetar los alimentos, de igual modo que se alerta en las cajetillas de tabaco acerca de su riesgo para la salud, después de que un informe ha indicado que la obesidad y el sobrepeso casi se equiparan al tabaquismo como primera causa de muerte evitable en Estados Unidos.
Se calcula que un 64 por ciento de los norteamericanos tiene sobrepeso y el 30 por ciento es obeso, mientras que el 30 por ciento de los niños tiene kilos de más y el 16 por ciento es obeso. Las cifras de obesidad en Europa son similares.
LOS DISFRACES DE LA DULZURA
Uno de los alimentos que aportan más energía o calorías, es el azúcar, aunque no siempre se encuentra donde se espera.
Según el doctor Claudio Mariscal, experto en nutrición y endocrinología, "para la mayoría de la gente el azúcar es sólo el de mesa, pero hay otros azúcares simples con el mismo contenido en calorías que no están tan mal vistos, como los de las mermeladas, jaleas, miel, melazas, refrescos o zumos de fruta".
Para nuestro organismo no hay diferencia entre el azúcar refinado y el que adopta otras formas, como la miel, la melaza, la fructosa, el jarabe de arce o el zumo frutal concentrado: todos aportan gran cantidad de calorías que pasan a engrosar nuestro tejido adiposo.
"Algunos fabricantes indican que sus galletas no contienen azúcar, pero en la elaboración pueden emplear fructosa que contiene la misma cantidad de calorías que el azúcar", señala.
Según este experto, “algunos sustitutos de los hidratos de carbono como ciertos edulcorantes han conseguido reducir a la mínima expresión la cantidad de calorías, como en el caso de los refrescos "light", pero en otros productos grasos como los chocolates han conseguido reducir algo su aporte energético, pero siguen teniendo una cantidad de calorías a tener en cuenta".
Cuando tomamos una comida dulce, el azúcar que contiene se transforma rápidamente en glucosa ó azúcar sanguíneo, y se incorpora al torrente sanguíneo. En respuesta al azúcar, el páncreas libera insulina, la cual actúa como un agente de tráfico, dirigiendo el azúcar fuera de la sangre y hacia distintas células.
Parte del azúcar es quemado de inmediato como combustible para el organismo, y otra parte es enviada al hígado y los músculos para ser almacenado como glucógeno, como una potencial fuente de energía.
LA GLUCOSA EN EL “SUBE Y BAJA”
Si aún queda un poco de azúcar, la insulina lo elimina de la sangre, y lo reparte por el cuerpo donde se almacena en forma de grasa. Cuando un exceso de azúcar golpea el torrente sanguíneo, el páncreas se vuelve más celoso y segrega más insulina.
Con esta cantidad extra de insulina "barriendo" el azúcar fuera de la sangre, el nivel de glucosa disminuye, lo cual reaviva la sensación de hambre al cabo de una hora, debido a que el cuerpo necesita más glucosa: su combustible o fuente de energía.
Si para saciar el apetito ingerimos más comidas dulces, aumentará nuevamente el nivel de insulina y bajará el de glucosa, lo cual aumentará de nuevo nuestros deseos de comer dulces, entrando en un círculo vicioso.
El azúcar acecha en los lugares más sorprendentes, listo para sabotear hasta la más eficaz de las dietas. Por ejemplo, gramo a gramo, las salsas de barbacoa o ketchup, son más dulces que un helado de crema, mientras que un zumo envasado puede contener la misma cantidad de azúcar que una barrita dulce.
Además de los que llevan azúcar añadido, hay muchos alimentos como los zumos de frutas exprimidos, que poseen azúcar de forma natural. Ya sea que se les agregue azúcar refinado, o sean endulzados con fructosa, miel o azúcar morena, muchos productos esconden una buena cantidad de calorías invisibles.
CÓMO EVITAR LOS DESLICES CALÓRICOS
Para no ingerir calorías inadvertidamente, los expertos aconsejan leer las etiquetas de los productos con atención, incluso las de aquellos alimentos que no son dulces, para comprobar su contenido en azúcar. Las palabras terminadas en "osa" indican la presencia de azúcares, los cuales están presentes con distintos nombres en un centenar de sustancias para endulzar.
Los zumos frutales son saludables, pero muchos son verdaderos concentrados de calorías provenientes del azúcar. De fresa, mango, piña, melocotón, limón, solos o combinados: todas estas bebidas, envasadas en cartones o botellas, son bombas energéticas que hay que tomar con moderación.
Las bebidas más azucaradas y altas en calorías, son las de manzana, y equivalen casi a tomar un refresco de cola.
Además, las galletas y mermeladas etiquetadas como "endulzadas con zumo de fruta concentrado " pueden parecer más saludables, pero no son mejores. Cuando el zumo de una fruta se concentra y emplea como edulcorante, sus componentes nutritivos se eliminan y sólo queda el azúcar, y sus calorías.
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